domingo, 11 de mayo de 2014

CRUZ DE MAYO 2014: “HEMOS HECHO LO QUE TENÍAMOS QUE HACER”



Soy consciente de que esta breve crónica llega con varios días de retraso. Pero llega: para dejar constancia del trabajo bien hecho. Las ocupaciones diversas han impedido hasta hoy que la pluma del amanuense ponga en el papel lo vivido en la Fiesta de la Cruz de mayo de 2014.

Con las palabras que el Maestro nos dicta en el Evangelio, volvemos a confesar un año más, incluso a fuer de ser repetitivos, que “hemos hecho lo que teníamos que hacer”.


A Cristo Resucitado le damos gracias porque hemos podido alabarlo con la multitud de niños, de jóvenes y de adultos que nos han acompañado con “las cruces gloriosas de mayo”, haciendo del Barrio un canto a la Vida.

Un año más, y ya van tres, Hermandad del Calvario, Parroquia y Asociación de Vecinos de “El Barrio” han unido sus energías para proclamar unidos el aleluya pascual con las “cruces de mayo”: Que Cristo ha resucitado es una afirmación de fe proclamada por todos los que nos reunimos ese día en torno a la Mesa del Señor, en la Eucaristía celebrada en la Ermita del Calvario, presididos por la Cruz bendita de Nuestro Señor, bajo la mirada atenta de su Madre y nuestra Madre, María Santísima de la Amargura.

Terminada la Celebración de la Eucaristía, por las calles del Barrio se entonó el mismo canto de gozo y de esperanza, la misma confesión de fe: ¡Cristo ha resucitado y nosotros somos testigos! ¡De su cruz ha brotado la Vida! ¡Del árbol seco ha nacido la esperanza!

Tras lo vivido el Día de la Cruz del año 2014, tras ver los rostros felices de niños, jóvenes y adultos, sólo cabe agradecer a los organizadores el trabajo realizado y felicitarlos por ello. Así se hace Hermandad; así se edifica la comunidad Parroquial; así se construye un Barrio.

Gracias también, una vez más, a la Banda de Cornetas y Tambores “La Pasión”, de Mérida, por su entrega generosa para realzar con su música este acontecimiento.

        Y, ¡cómo no!, nuestras felicitaciones a los niños costaleros, a sus “capataces” y a los adultos que hicieron posible ese encuentro de fe y de alegría. Con ellos gritamos en pleno corazón de la Pascua: ¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado!